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Ira y agresión

Ira y agresión

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La ira es una emoción extremadamente intensa, que puede resultar de una irritación suprema, una molestia excesiva, indignación u hostilidad hacia un grupo, otra persona o un evento adverso.

1. ¿Qué es?

Como todas las emociones, la ira es un indicador que nos alerta de la necesidad de actuar o reaccionar ante una situación. Puede expresarse mediante agresión física o verbal, desencadenando una respuesta física, como un aumento de la frecuencia cardíaca, la presión arterial y los niveles de hormonas energéticas, adrenalina y norepinefrina.

Varía mucho en su intensidad y desencadenantes, y puede desencadenarse por eventos externos y / o internos, desde recibir una multa de estacionamiento hasta el recuerdo de un trauma o abuso. Se pueden abordar ambas respuestas.

Los problemas asociados con la ira surgen cuando se alimenta y la persona es incapaz de expresarla de manera adecuada o controlada, ambas respuestas pueden tratarse. Generalmente, se utiliza para escapar de la incapacidad del sujeto para superar situaciones que de alguna manera le resultan embarazosas. Sin embargo, un individuo enojado siempre está descontento con todo y con todos. En lugar de intentar cambiar el orden de las cosas, se rebela y reacciona: ya sea de forma pasiva, poniéndose en el papel de víctima de las circunstancias en una clara actitud de autocompasión (rabia pasiva), o proyectando su agresividad contra todo lo que se mueve y se pone. no te muevas en tu alrededor (ira activa).

Por lo tanto, la ira y la agresividad se manifiesta en palabras, gestos, comportamientos y actitudes que pueden poner en riesgo a la persona que los personifica o quienes se acercan a ellos. Puede llegar a un momento en el que asuman tal importancia en una determinada materia que empiecen a interferir en el buen funcionamiento de su vida personal, social o laboral. En este momento, es posible que estemos ante un trastorno que necesite intervención psicológica.

Cuando la agresividad asume una proporción excesiva y excesiva, en comparación con el estímulo que la desencadenó, podemos estar ante un trastorno del estado de ánimo denominado Trastorno Explosivo Intermitente. Este se caracteriza por la expresión de ira en forma de comportamiento agresivo desenfrenado. En estos momentos, la persona parece absolutamente segura de su propia verdad y no considera ninguna otra, sintiéndose impotente para hacer otra cosa que permanecer en ese estado. Éste se siente muy cómodo, porque permite a la persona enojada protestar de manera casi intrascendente.

La ira puede entonces apoderarse de los demás, en forma de agresión física o verbal, reflejada a través de la intransigencia, irritabilidad, intolerancia e ironía. También tiende a expresarse en el yo, que se cierra a su propia versión del hecho, reflexionando una y otra vez sobre sus argumentos, optando por la autocompasión que lo excusa todo y acaba dejando que la depresión se instale.

De hecho, la ira y la hostilidad no resueltas tienen efectos devastadores en el bienestar de una persona, afectando su autoestima y sus relaciones con los demás. También pueden presentarse otras consecuencias negativas asociadas con esta ira exacerbada, como dolores de cabeza, aumento de la presión arterial, insomnio y problemas estomacales.

La persona con este tipo de problemas es incapaz de afrontar eficazmente las adversidades de la vida cotidiana, ya que permanece estancado en su propia ira, y simplemente la alimenta sin poder dar una respuesta adecuada. La emoción no retrocede; por el contrario, es probable que se convierta en una explosión emocional de proporciones incalculables, con pérdidas personales y profesionales inconmensurables.

Cuando no se expresa abiertamente, la ira se reprime y se acumula dentro de la persona hasta que se desencadena la situación más pequeña. A menudo, se recurre al consumo de alimentos o sustancias para paliar este sentimiento previamente negado. Aunque “masticado” o ebrio, este enojo no desaparece y puede conducir a un comportamiento destructivo dirigido a uno mismo y a quienes lo rodean.

RESUMEN

Es importante reconocer que el problema en sí no es la ira, sino lo que hace (cómo maneja) esta emoción.

Si te identificas o conoces a alguien que pueda adoptar comportamientos o reacciones desproporcionadas que afecten a tu vida personal, social y profesional, no dudes en contactar con un especialista o con nuestro centro de tratamiento.

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